Diez años con la casa destruida por el huracán Sandy en Santiago de Cuba

Una familia de Palma Soriano denuncia la desidia del Gobierno ante su caso desesperado

"Para ir resolviendo –cuenta– levanté una casita con cuatro palos y unas yaguas, pero al poco tiempo vinieron a decirme que tenía que derrumbarla". (14ymedio)
"Para ir resolviendo –cuenta– levanté una casita con cuatro palos y unas yaguas, pero al poco tiempo vinieron a decirme que tenía que derrumbarla". (14ymedio)

Leymida Chávez lleva casi diez años esperando una solución para su casa en Palma Soriano, Santiago de Cuba, una de las 7.000 que siguen semiderruidas tras el paso de Sandy. El huracán, que devastó la provincia el 25 de octubre de 2012, dejó 11 fallecidos y 171.380 casas dañadas, 15.889 de ellas derrumbadas.

Chávez, a quienes sus amigos le dicen La China, tiene pocas esperanzas. Mejor dicho: está totalmente desesperada, porque aunque su casa sigue teniendo el número 251 en la calle Los Cocos, es en realidad una choza casi destruida.

Los techos han sido improvisados con un material que se usó para los servicios sanitarios públicos de los carnavales, las paredes son un amasijo de tablas, tejas de zinc, lonas y plásticos. Las puertas están hechas con pedazos de cualquier otra cosa. Del baño de la casa solo quedó el piso de azulejo con el agujero donde una vez estuvo la taza. Lo que el oficialismo describiría como ejemplo de "resistencia creativa" no es más que la prueba del total abandono de las autoridades a los ciudadanos más vulnerables.

La familia tenía una casa modesta de madera con techo de fibrocemento, pero la furia de aquellos vientos, con una velocidad de 180 kilómetros por hora lo destrozó todo

Antes que pasara el huracán, la familia tenía una casa modesta de madera con techo de fibrocemento, pero la furia de aquellos vientos, con una velocidad de 180 kilómetros por hora lo destrozó todo. Chávez vive ahora en sus ruinas junto a su madre, anciana con problemas de hipertensión, además de una hija y cuatro nietos.

"Para ir resolviendo –cuenta– levanté una casita con cuatro palos y unas yaguas, pero al poco tiempo vinieron a decirme que tenía que derrumbarla, porque pronto vendrían a construirme una. Como nunca vinieron, me quedé en la calle prácticamente sin nada".

A fines del verano de 2021, cuando Chávez ya había repetido su visita a cuanta oficina del Poder Popular pudiera tener que ver con su caso, recibió el aviso sobre una visita de la inspección de la provincia.

Un día, a las cinco de la mañana, se aparecieron unos funcionarios del municipio y depositaron frente a la casa una cantidad indeterminada de gravilla y arena. No dejaron acero ni cemento. "Me hicieron como se le hace a los niños, darme un caramelo para que me callara, para que me portara bien", comenta Chávez.

Una semana después volvieron a pasar, no a dejar nuevos materiales sino a recoger lo que habían llevado. "Al frente venía un señor llamado Alexis que trabaja en la Dirección de Vivienda. Yo le dije que todo eso era mío, que cómo se lo iban a llevar, y él se limitó a responder: "Eso hay que recogerlo porque hay que recogerlo'", añade La China.

Desde entonces y hasta la fecha no ha vuelto a aparecer ningún funcionario y mucho menos los materiales que tanta falta hacen a la familia para reconstruir la vivienda

Desde entonces y hasta la fecha no ha vuelto a aparecer ningún funcionario y mucho menos los materiales que tanta falta hacen a la familia para reconstruir la vivienda. Las evasivas y las justificaciones amargan la existencia de Chávez que están harta de escuchar promesas que no se cumplen y de ver surgir nuevos plazos para la entrega de los insumos que tanto necesita.

Mientras aparecen la arena y la gravilla, entre otros materiales imprescindibles para la obra, la familia de Chávez debe esquivar todo el tiempo las goteras que caen del improvisado techo cuando llueve, reforzar las planchas de envejecido metal que hacen las veces de paredes en algunos puntos de la casa y permanecer en vilo ante cualquier anuncio de tormenta tropical o huracán.

Sin embargo, la angustia no se alivia cuando termina la temporada ciclónica, porque poco después bajan las temperaturas y la vivienda de Chávez se convierte en un congelador. Por cada grieta o hueco entran los vientos fríos, que sufren especialmente los más pequeños de la familia y la madre de Chávez.

El huracán Sandy azotó la Isla en octubre de 2012, principalmente a las provincias orientales de Santiago de Cuba y Holguín, donde dejó 11 muertos, cientos de derrumbes parciales y totales de viviendas, además de cuantiosos estragos materiales en redes eléctricas y de comunicaciones.

Para las labores de reconstrucción, el Estado cubano recibió millones de dólares de ayuda internacional, entre otros, de Rusia.

Con ciclón o sin ciclón, las carencias habitacionales son crónicas en el país. En 2021, según cifras oficiales, el Ministerio de la Construcción sólo completó el 42% de las viviendas que planeaba levantar en 2021 y el 41% de las reformas previstas.

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